No se puede acusar a los franceses de que una recesión mundial entorpezca su cultura. La propuesta del Museo de las Civilizaciones Europea y Mediterránea, un cubo minimalista en Marsella, costará 175 millones de euros. Sin importar los aprietos económicos, las autoridades no piensan interrumpir el proyecto.
El nuevo ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand, se apresuró a prometer su apoyo, y el gobierno aportó 6 millones de euros más para garantizar que el ornamento de Marsella sea terminado para la temporada de la ciudad como Capital Europea de la cultura en 2013.
Esta generosidad representa un impulso para el prestigio nacional.
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En Europa, los países que buscan formas de poner en marcha sus economías han hallado dinero para invertir en sus infraestructuras culturales o para continuar con proyectos que podían significar una prosperidad.
A diferencia de EE UU, donde los museos enfrentan una caída en las donaciones y se han visto obligados a reducir sus renovaciones y adquisiciones —así como su personal, horas y muestras— las instituciones culturales de Europa están siendo renovadas en una época de recesión. Este otoño, el gobierno británico prometió 60 millones de libras esterlinas para rescatar proyectos culturales, incluyendo un centro de exposiciones para el Museo Británico diseñado por Lord Richard Rogers; una ampliación de la Galería Tate de arte moderno; y un Centro Cinematográfico de 166 millones de libras esterlinas en Londres.
Ben Bradshaw, ministro de las Artes, dijo que eliminar los proyectos culturales sería una “locura política”, desafiando la lógica del estímulo, según la cual se debe invertir en la infraestructura esencial.
El paquete de estímulo de Alemania de 82 mil millones de euros proporciona dinero para iniciar proyectos de infraestructura cultural, incluyendo la restauración del Chalet de Wagner en Bayreuth.
En Francia la cantidad es de 100 millones de euros, cortesía del Ministerio de Cultura. La teoría es que lo que es bueno para las artes, es bueno para la economía: el edificio moderno más conocido de París es el Centro Pompidou, sobrevivió a una crisis petrolera y a una gran recesión para ser inaugurado en 1977. Recibe a 6 millones de visitantes al año. “Ha llegado el momento de mantener nuestra herencia”, declaró Sarkozy, al anunciar los fondos adicionales a principios de este año. “Es una cuestión de identidad, de significado, de respeto por nuestra cultura”.
Eso exige arreglar o restaurar tesoros históricos. El paquete francés cubre las renovaciones de monumentos muy queridos: el Louvre y Notre Dame y Versalles. Entre otros beneficiarios, se encuentra un nuevo museo de cristalería de Lalique en Estrasburgo y el Palais de Tokio, el museo del arte contemporáneo de la capital, que tendrá un nuevo espacio para exposiciones.
En Alemania, el mayor receptor individual de los fondos de estímulo cultural será el museo más popular del país: el Deutsches Museum de ciencia y tecnología en Múnich, que recibirá 29 millones de euros, entre otras cosas, para la construcción de una nueva fachada y un nuevo vestíbulo.
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