Exhibición de Versalles. Rey del lujo
Por Sameer Reddy

Cuando se trata del concepto contemporáneo de lujo, el mundo occidental estará siempre endeudado con Luis XIV, monarca francés acreditado por elevar el estilo de vida a una bella arte. Con sus adquisiciones y proyectos, el “Rey Sol” abrazó un patrón de consumo que repercutió en la cultura hipermaterialista que ha definido los últimos 20 años.

Tal vez estemos viviendo las repercusiones de nuestra histeria de gastos, pero nuestra fascinación con las cosas más finas de la vida no ha menguado. Y Louis XIV: L’Homme et le Roi, una nueva exhibición en el esplendor del Palacio de Versalles (hasta el 7 de febrero), arroja una luz sobre el espíritu de la decadencia.

La exhibición es la primera investigación sobre Luis XIV como el hombre detrás de la corona. En la lluvia de ideas para la exhibición, que tomó tres años en conjuntarse, Jean-Jacques Aillagon, el presidente de la organización que cuida Versalles, dejó de lado la idea convencional de explorar la historia del palacio, y eligió en su lugar enfocarse en darle vida a un “retrato cultural del rey”, como lo describe el catálogo.

Esto toma forma en una serie impresionante de más de 300 objetos reunidos —incluidas pinturas, esculturas, muebles y objets d’art—, algunos de los cuales regresan a casa por primera vez desde la Revolución Francesa.La Reina Isabel, incluso, prestó varias de sus piezas para la muestra, entre ellas una pintura de 1680 que presenta a trabajadores trabajando duro en la construcción de Versalles.

El objetivo de los curadores, Nicolas Milovanovic y Alexandre Maral, es iluminar la profundidad y amplitud del patronazgo apasionado de Luis, y a lo largo de la exhibición queda claro que el rey estaba motivado por su deseo de alardear su riqueza y dar una sensación de poder. Su enfoque participativo en todo, desde el progreso diario de su pintor de la corte, Charles Le Brun, hasta la construcción del palacio, revela su conocimiento variopinto de las artes. Los visitantes pasan por una serie de salas con códigos de colores que reflejan aspectos diferentes del gusto del rey.

Por ejemplo, la galería púrpura muestra su colección personal de cristales de roca grabados, la cual desplegaba en los aposentos reales contra páneles de espejos. La sala dedicada a la música y la danza demuestra su cariño por las artes, desplegando bocetos de diferentes trajes que Luis XIV, un bailarín de ballet consumado, usó en sus varias representaciones ante la corte.

Las piezas sobresalientes incluyen un gabinete enorme de Le Brun que presenta una impresionante marquetería semipreciosa, y un sensual busto de mármol del rey hecho por Bernini. “Al fomentar a los artistas y apoyar a los manufactureros encargados de ejecutar auténticas obras de arte, Luis XIV le dio un impulso formidable, de cierta forma, al origen de la industria francesa del lujo”, dice Maral. La muestra es patrocinada por Moët Hennessy, una división del conglomerado francés del lujo LVMH, el cual planea una serie de cenas con 20 platillos en Versalles, recreando los platillos servidos en la mesa del rey, bajo la sombra de su bebida favorita, Dom Pérignon.

Contradiciendo el estereotipo de un diletante que delega sus adquisiciones a sus asesores, Luis impuso su gusto a toda la nación. Y como otras familias nobles, como los Medici, que se volvieron patrones de las artes, Luis, inspirado por un impulso nacionalista, cultivó talentos como los de Molière y el pintor Rigaud. Aun cuando no todos sus artistas favorecidos cobraron gran fama, su contribución fue ayudar a que la cultura francesa obtuviese el mismo nivel de respeto que la de los italianos.

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