En la misma conferencia el año pasado, justo después del principio de la crisis financiera, había una sorprendente ausencia de ira contra EE UU por causar este desorden.
Ahora, con el auge de los mercados emergentes mientras los países ricos enfrentan una década de bajo crecimiento, todos se sentían envalentonados para decir: EE UU es inútil. No sólo ha puesto bombas financieras bajo las camas de todos, sino que también está haciendo un pésimo trabajo al limpiar el desorden —y, ciertamente, no está en ninguna posición para dar consejos económicos.
Como señala Ronnie Chan, el magnate de los bienes raíces de Hong Kong: “Si escuchamos a EE UU, estamos condenados. Los líderes de ese país están haciendo a un lado a todas las voces sensatas, y ya se vislumbra la próxima crisis”.
Chan hizo sus comentarios para “recapitalizar al mundo”, que se convirtió en una discusión sobre China. Goldman Sachs pronostica que el PIB chino rebasará al de EE UU para 2027. Pero ya en este año, China superó a EE UU como el mayor generador de capital de inversión del mundo, con cerca de US$2 millones, en comparación con US$1.4 billones de EE UU, de acuerdo con John Ross, un profesor de la Universidad Jiao Tong de Shanghái.
Gran parte de ese dinero llega en carretadas a mercados como África y América Latina. Con frecuencia, los acuerdos comerciales se realizan en renminbi, y las adquisiciones en esos lugares ayudan a China a superar al decadente dólar estadounidense.
Mientras una gran cantidad de financieros en Lisboa cuidaron decir que EE UU sigue siendo un centro de innovación, está claro que los líderes de negocios del BRIC recurren unos a otros en busca de la prosperidad futura. El poderoso crecimiento de China es la razón por la que América Latina y África, por primera vez en la historia moderna, no han sido los peor afectados por la crisis. Recientemente, un empresario chino dio un consejo a Obama en la víspera de su visita a Beijing: que lea más sobre el Reino Medio —y que consiga un instructor de chino mandarín para sus hijas.
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