ha significado que cada año desde la década de 1960, ha habido un derrame del tamaño de Exxon Valdez en el delta del Níger. Grandes mareas púrpuras cubren campos otrora fértiles, y los ríos están tapados por el petróleo que se filtró hace décadas. Se la ha llamado la “marea negra”: una mancha de petróleo espeso y pegajoso que ha rezumado sobre amplias extensiones de tierra y envenenado el aire para millones de africanos. En algunas áreas, peces y aves han desaparecido: los pantanos están silenciosos.
Los estadounidenses consumen un cuarto del petróleo mundial, y 10 por ciento del petróleo que consumen proviene de Nigeria. ¿Por qué no están preocupados y furiosos por esto? ¿O al menos exigiendo una responsabilidad global a las compañías que apoyan? Especialmente ahora que podemos ver cuán destructivo es para quienes dependen del mar para subsistir, cuán repugnante es el impacto, y cuán devastadores son los resultados de malas decisiones y equipos de respuesta mal equipados.
Muchos nigerianos observaron, asombrados, cómo los estadounidenses reprendían a BP por el derrame de Deepwater Horizon, luego vieron progreso: el presidente de EE UU visitó el sitio y exigió una acción inmediata y compensaciones. Pero no en África. Según un grupo de expertos independientes, entre 9 millones y 13 millones de barriles de petróleo se han derramado en el delta del Níger desde que la explotación empezó en 1958. Las limpiezas han sido poco entusiastas, y la compensación ha sido irrisoria. El gobierno nigeriano calcula que 7,000 derrames, grandes y pequeños, ocurrieron entre 1970 y 2000. Los lugareños se quejan de ojos irritados, problemas respiratorios y lesiones en la piel. Es una cosa que da rabia: un reporte de Amnistía Internacional en 2009 descubrió que muchos han perdido los derechos humanos básicos: la salud, el acceso a la comida, agua limpia y la capacidad de trabajar. Hoy, alrededor de 2,000 sitios contaminados con petróleo todavía necesitan limpiarse.
Hay muchas razones por las que esto ha ocurrido: sabotaje, equipo defectuoso, infraestructura corroída. Las regulaciones son débiles, rara vez se cumplen, y hay pocas medidas punitivas para asegurarse de que los derrames sean manejados, monitoreados y limpiados. Efectivamente, se pide a las compañías petroleras que se autorregulen. El nuevo presidente, llamado apropiadamente Goodluck (buena suerte) Jonathan, ha prometido hacerlas responsables, pero las agencias reguladoras están desdentadas, debilitadas por décadas de gobiernos de dictadores corruptos que han actuado conjuntamente con las compañías petroleras y desviado mucho de la riqueza petrolera (80 por ciento del ingreso gubernamental proviene del petróleo).
El dinero que ha provenido de la explotación petrolera en Nigeria —US$600,000 millones a la fecha— ha ido a muchos pocos; la mayoría de los nigerianos vive en pobreza extrema.
Así que esto ha sucedido, en África, por décadas, mientras nuestros motores ronronean y nuestros aires acondicionados zumban, y apenas y hemos pestañeado. Como dice la profesora Rebecca Bratspies, de la Escuela de Leyes de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, “los problemas asociados con la producción de petróleo por lo general son invisibles para quienes lo consumimos en cantidades enormes. No vemos cuán sucia es. [El golfo] es una versión más extrema de los eventos diarios en Nigeria, donde las compañías petroleras han ignorado completa y totalmente las implicaciones ambientales de sus acciones”.
Obama pidió que US$20,000 millones se destinaran para cubrir los costos de limpieza del golfo. ¿Será suficiente? ¿Cuánto tendrían que pagar compañías como Shell y ExxonMobil si África estuviese bien regulada y se exigiera una compensación apropiada por la pérdida de vidas, enfermedades y daños al medioambiente?
Éste es el momento perfecto para evaluar las prácticas de la industria petrolera. EE UU debería encabezar una acción para asegurar el escrutinio global y monitorear la explotación petrolera, dentro y fuera de las costas. Es sucia y nunca será del todo segura, pero ¿por qué debemos aceptar estándares diferentes para países con menos dinero y peso? Las compañías globales deberían desarrollar una respuesta global adecuada y mecanismos de compensación.
Una idea simple pero inteligente de Bratspies es que nosotros, mediante una coordinación mundial, nos aseguremos de que las compañías petroleras no puedan perforar a menos de que tengan la tecnología probada y la capacidad para responder a filtraciones, saboteadores y explosiones. Si lo hiciéramos un requisito, traería consigo un “estímulo tremendo en la innovación de la tecnología de limpieza”. Eso es algo con lo que todo país se beneficiaría, rico o pobre.
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